Quisiera en tardes como hoy
irme con mi pala y me perro
desentrañar montañas
correr los velos de la mirada y el corazón mezquino
En tardes de letanías
en las que la periferia se instala en el ojo como un grano
cuando ver llover el mundo en un suceso blando, falso, engorroso
es tan sólo un pasatiempo de ciegos ilustres y muertos sin motín
Quisiera urdir una tela desdentada
parir un aparato boreal
una arteria elevada al espectáculo
una llovizna de hambre
un sigiloso espasmo que todo lo permea
Tarde de ruina en las solapas de los carabineros
gritos lanzados desde el fondo del fondo de todo los cadalsos
luz de nada
fuego frío
Quisiera un arcabuz de luna
una rosa en la venas habitadas de carroña y perfumes con almíbar
una piedra mundo
un salvador de sueños
una latido capaz de robarle un gemido a las estrellas
Quisiera un puerto
una madera donde asir mis manos
mi cuerpo desgastado y mis ventanas rotas
un anzuelo de abdomen
un sol cleopátrico
una hilo de colores para amarrar estiércol
Quisiera en tardes de Malinche
verme a la cara sin culpa y sin vergüenza
hurgar mis intestinos
tomar el corazón en un respiro
triturarlo, molerlo, enterrarlo
Y quisiera, en tardes nauseabundas
morir perpleja
habitar todos mis orgasmos