Utopía o Epistemología de la esperanza en América Latina:

 

Utopía o Epistemología de la esperanza en América Latina

El carácter agible del hombre: posibilidad epistémica en la trashumancia de la política salvaje[1]

Yecid Calderón Rodelo[2]

 1.   Cuatro aclaraciones preliminares:  

Primera: agible es un tecnicismo escolástico usado para designar las obras incorpóreas del hombre como sujeto operatorio, susceptibles de efectuarse creativamente más allá del simple operar mecánico, tales como la realización de una promesa que se puede efectuar y la visión de un proyecto que no se remite a lo meramente operativo. En este sentido, podemos considerar que toda aquella idea que es susceptible de materialización por la eficaz prefiguración de la misma, tal como lo es un sueño, una esperanza política construible, entre otras, es un objeto del carácter agible del hombre. Agible se corresponde bastante bien con el término viable. No debe confundirse con lo factible, como lo hacen los redactores del Diccionario de la Real Academia Española, que en su vigésimo segunda edición definen agible como «factible o hacedero», y del mismo modo, María Moliner que lo define secamente como factible, identificando los dos términos. Factibles, a diferencia de agibles, son las obras corpóreas susceptibles de ser hechas por operaciones manuales, directamente o mediante instrumentos siguiento una rutina. Según esto es incorrecto decir "la ley de reforma tributaria es factible o un proyecto político determinado es factible", en lugar de "la ley de reforma tributaria es agible, viable o el proyecto político es agible, viable".

Esta distinción entre lo agible y lo factible tiene que ver con la diferenciación que Aristóteles establecían entre la praxis y la poiesis. La praxis estaba regulada por la phronesis (prudentia) que los escolásticos definían como recta ratio agibilium ordenación recta de las cosas viables, respecto a un fin incondicional: el bien. La. poiesis estaba regulada por la téchne (ars): que definían como recta ratio factibilium, ordenación recta de las cosas factibles, igualmente respecto a un fin incondicional, el bien, pero haciendo hincapié en el aspecto meramente mecánico y técnico de ese obrar. Sin embargo, el término poiesis o poético se fue alejando del campo de las técnicas manuales y, al circunscribirse al campo de las artes literarias o nobles —las artes poéticas— se aproximó al campo de lo agible haciéndose confusamente sinónimo de-creación en sentido romántico, como capacidad del espíritu de avizorar productos llamados obras de arte.

En la modernidad lo agible fue perdiendo su campo categorial hasta invisibilizarse bajo la rúbrica de lo factible, es decir, su sentido se redujo al que alude a lo que se puede hacer como mero producto de una cierta facultad de operar técnicamente. La consecuencia de esta invisibilización fue la pérdida del sentido prefigurador que se halla en línea con la facultad práctica del hombre (campo propio de la phronesis) que es la voluntad. Ésta pérdida del sentido prefigurador de la facultad práctica representa el ocultamiento del obrar dentro de un horizonte con sentido, en orden a la vida y a fines humanamente diferentes, en camino hacia la continua configuración de mundo, lo que requiere de una intensa reflexión en orden a la acción; una arquitectura que se orienta a plasmar el sentido de las acciones, su significado político, ético, estético. Toda acción, tanto la agible como la factible, quedan supeditadas a este aspecto prefígurador; lo agible orienta lo factible, lo incluye y lo realiza. Sin embargo, en la modernidad lo agible desaparece y queda la acción factible desnuda y fría, pierde su vinculación con la vida en un autotelismo que la refiere exclusivamente a su estructura establecida y a la técnica.

Podríamos interpretar ésta pérdida u ocultamiento de lo agible (autotelismo de lo factible) como la desvinculación de la técnica respecto de la política y, a la vez, la tecnificación misma de la política, su ordenamiento por fuera de fines que refieran la operación a un sentido vital. En la modernidad lo factible se reifica y el ejercicio político viene a ser absorbido como un departamento más de la técnica, de tal manera que ya no opera la deliberación como ejercicio de producción de realidad desde lo agible.

El profesor Juan Cruz Cruz hace referencia a este término, para luego hacer una crítica a la modernidad por el uso técnico y manipulador que se hace de lo humano y de lo natural en la tecnocracia vigente. La distinción y la categoría, resultó muy pertinente respecto a la utopía. El profesor Juan Cruz Cruz no la ha referido en una de sus obras3]. Creemos que en la teoría política moderna se ha reificado el trabajo deliberativo de la política y se ha abandonado la idea de un posible perfeccionamiento interior del hombre, de suerte que ha desaparecido el aspecto prudencial que implicaba lo agible en la teoría política.

Segunda: el término utopía alberga en sí las acepciones de la esperanza y el fracaso. Esperanza porque el ser humano, debido a lo agible de su carácter, no puede renunciar al proyecto político y al propósito de construir, para sí mismo, una vida sustentable, la cual sólo es posible en compañía de otros[4]. Fracaso por las decepciones que, a lo largo de la historia, se han dado con los proyectos políticos que anunciaban de manera radical y definitiva, la fundación terrenal de un estado paradigmático, de libertad y buen régimen[5]. Las dos caras, independientemente de su valor, representan no meramente un concepto, una categoría, sino una actitud, una manera de ser de cada hombre.

De estas dos caras se derivan dos hechos constatables: hay hombres que suelen hacer del fracaso histórico de Ios proyectos políticos una oportunidad de sus egoístas ambiciones. Es así como usan y manipulan, desde una política fijista, el intento fallido de los ensayos utópicos para desesperanzar al hombre o plantar en él un perverso sucedáneo: el cálculo a ultranza, la instrumentalización de todo acontecer y. de toda cosa. Proyectan, de esta manera, sobre un anunciado futuro ya prefigurado por una especie de naturalismo histórico, la factibilidad tecnócrata de su imperio, so pretexto de la imposibilidad del sueño que sueña la esperanza. También del lado de la esperanza que habita la utopía existen estas desviaciones perversas. Basta mirar las religiones que negocian mezquinamente con las expectaciones de justicia de los hombres; es fácil identificar los mercados de versículos, santorales, suras, talismanes o sabidurías reencauchadas que mantienen la esperanza en vilo, en una especie de perpetuo engaño, posponiendo la redención que sueña la esperanza, para más tarde que la muerte.

Esperanza y desencanto juegan un papel crucial en la configuración de la utopía, de tal modo que para hablar de la misma no se puede renunciar a sus dos acepciones, porque ellas son la cara y la cruz de su realidad. Pero, hay que entrever bien qué sea la utopía. Si nos atenemos al carácter agible del hombre, tal como lo hemos definido en la primera aclaración, se sigue exigiendo al pensador latinoamericano un trabajo de pensamiento que atienda al aspecto utópico de la filosofía política. Se sigue requiriendo una revisión del pensamiento utópico que aguarda en los anaqueles y depósitos, a ser recuperado, en un intento de reflexión necesaria que siempre será urgente en la historia. En cada época se hace necesario pensar la esperanza y la utopía, pese a todo lo dicho y. precisamente, porque se ha dicho, recuperando sus sentidos, visualizando sus categorías, como exigencia de no olvidar lo que puede seguir contando, lo que otro modo de "tradición utópica" nos exige. Qué sea la esperanza utópica es algo que requiere una continua y abierto trabajo de pensamiento, una arqueología, posible por una genealogía. A pesar de los fracasos históricos de las utopías, del desgastado uso .y abuso de la palabra, el rostro del otro sufriente nos interpela y nos exige este trabajo dentro de la práctica del pensar. Si pensar la realidad sigue contando para la filosofía, Entonces, la utopía debe ser aclarada y compartida, para poder seguir viviendo en la esperanza de que en este tiempo o en otro cualquiera, se haga viable, es decir agible, la oportunidad fundante de otros modos que justicia[6].

Tercera: ahora bien, hablar al final del primer decenio del siglo XXI de utopía implica, ante todo, un reconocimiento del lugar desde el que se habla. No es este el lugar físico donde uno se encuentra, sino el lugar que políticamente ha dado a lo agible en el hombre concreto su particular carácter. Haciendo una analogía con el derecho de gentes en su versión clásica, uno es de la ciudad en donde nace, esa ciudad ha de darle el lugar civil que le corresponde a uno como ciudadano, una carta de derechos y deberes. Del mismo modo, en la filosofía política la carta de derechos y deberes, desde los que cobra sentido la palabra, es el lugar donde se nace. Lugar donde se ha configurado el propio pensamiento dentro de unas coordenadas, en orden al pensamiento general o universal: nuestro lugar es América Latina, pese a que hoy, por una mera accidentalidad, escribimos desde Europa.

Cuarta: por otra parte, al hablar de utopía en el siglo XXI es preciso reconocer que el campo epistémico del pensamiento político, desde siempre —pero con un particular desgarramiento hoy— obedecen a ese lugar común de la contingencia donde, debido a la fragilidad humana y por una especie de exigencia que anida en lo contingente, los moldes se quiebran para inaugurar otros, sin que éstos últimos se conviertan en definitivos, siendo rotos, a su vez, por otros, en un constante dinámico de creación y destrucción de fórmulas y leyes que quieran dar por científica alguna teoría política. Este carácter entrópico de la reflexión política es el santo y seña del lugar epistémico de la utopía de la cual hablamos.

Algo muy complejo e  inmoldeable, epistemológicamente hablando,  es un proyecto político en el que  América Latina cuente como el marco de referencia. Para algunos que pensamos la política, América Latina no nos resulta tan sólo un lugar en la geografía, sino un acontecimiento cultural aun por hacerse definitivamente o en estado de gestación. Un lugar al que apuntan miradas contemporáneas de otras latitudes, lugar donde hoy se produce una pluralidad de la experiencia política en una historia a travesada por el conflicto y sus estruendos. En América Latina es posible esa alternativa no definitiva, repetitiva y no por ello mecánica. Alternativa siempre nueva, constante prefiguración de los sueños políticos que ya no se jactan de perfección sino de experimentos, quiebres, aberturas, y que siguen avanzando lentamente, en direcciones no del todo predeterminadas, buscando" la justicia o mejor, otra justicia más justa;  otro modo que justicia: ese ultimun político al que aspira toda esperanza desde el sentimiento del novum[7]. En Latinoamérica aún es posible la realidad de la construcción diaria de un régimen que se opone a un definitivo juicio histórico sobre la utopía, régimen de justicia que los tribunales de la "normalidad" histórico- capitalista, neoliberal, han querido proferir, en un intento por conculcar y esconder la esperanza de otro mundo posible.

2. El silencio y ceguera de los fijistas de la post-guerra fría:

La caída del muro de Berlín representó, para quienes celebraron y celebran tal hecho, el juicio definitivo sobre las utopías políticas emitido por el tribunal de la misma historia. De este modo, y aún después de veinte años y la actual crisis mundial, siguen saludando con frivolo entusiasmo el presente neoliberal y libre-capitalista, sus ideales de "desarrollo" y su dictadura democrática. El remedo caricaturesco de este saludo lo constatamos con tristeza en México y Colombia, en donde el neoliberalismo se ve como un producto natural del desarrollo histórico de los pueblos, al punto que cualquier otro modo de resultado histórico de la política, no deja de ser un atrasado género de subsistencia que encierra, en sí mismo, una nociva práctica. '

El paulatino anestesiamiento de la conciencia política y de la identificación del carácter agible con la mera factibilidad técnica, de cara a nuevos horizontes, ha calado profundamente en la mayoría de las personas de las nuevas generaciones, para quienes es evidente la defunción de la utopía. El arte de la política se muestra ante sus ojos como la técnica que habilita las estratagemas desde y por el poder, una mera instrumentalización de la política que obedece a unas cuantas formulas técnicas y a las tácticas de desenvolvimiento dentro de los grupos de poder. Esta práctica política es la que caracteriza a la democracia neoliberal que se presenta como el único régimen posible.

Estos fíjistas no quieren hablar de la utopía, se dejan decantar por el lado del fracaso de los ideales. Para ellos, la caída del muro de Berlín es un enjuiciamiento histórico definitivo sobre toda posibilidad utópica. Desprecio del sentido esperanzador y abierto del aspecto propositivo que alberga la utopía. Por fortuna, pese al triunfo aparente del capitalismo de la posguerra fría, la utopía no se pierde del todo y el pensamiento  utópico-político resiste a las  embestidas ideológicas, fundadas en manipulaciones del acontecer histórico al que presentan como "destino manifiesto", como naturalismo histórico, como devenir definitivo.

3. Hacia un no-lugar epistémico de la política salvaje de nuestra América:

Es ahí, en ese naturalismo histórico, donde la epistemología dominante desestima las experiencias, las expectaciones, las esperanzas, que no le son convenientes y las emplaza en el subsuelo del campo político; las encubre de tal manera que parecieran no existir. Intenta sistemáticamente sepultar tales experiencias bajo identificaciones que alertan sobre la ineficacia de sus productos, anunciando de antemano el fracaso de sus empresas de otras posibilidades de justicia. Tales empresas  son comparadas con lo que resulta eficaz dentro del mismo régimen discursivo técnico científico (p. ej. el progreso material al estilo de un consumo desproporcionado como criterio y medida de la dignidad o del bien), en-un intento de subsumir esa experiencia dentro de sus propios moldes[8].

Esta subsunción es un deliberado desconocimiento de la experiencia de la expectación de ese otro modo que justicia, que puede darse en el carácter agible del "otro" latinoamericano, un indefectible rechazo al conocimiento de éste sujeto político. Por el contrario, para nosotros el otro latinoamericano es, a nuestros ojos, alguien que no está ceñido a un modo unívoco de realización según un modelo fijista de justicia, es un sujeto infinito en su siempre actual incompletitud. Su "desastre" político lo mantiene en una apertura al experimento de la justicia; nuestra política se nutre, desde y con las víctimas, de sus propias convulsiones[9].

El encubrimiento del "otro" latinoamericano realizado a partir de los moldes del fijismo epistemológico oficial, se aplica como identificación o rotulación —etiquetamiento— de los productos elaborados a partir de prácticas de expectación de otras justicias que emergen en otras experiencias. Identificación que apresuradamente las tilda como seudorevolucionarias, "patadas de ahogado", como bien lo deja entender este dicho popular. Es así como los saberes políticos de lo "salvaje" son repelidos por los paradigmas epistémicos de los academicismos a favor de la tecnocracia.

Estos productos epistémicos de la "política salvaje" latinoamericana, son las experiencias de búsqueda que constituyen los saberes de la política originada en el seno de los pueblos amerindios, en las comunidades urbanas marginales, en los grupos que mantienen la lucha, en las experiencias reivindicativas de las madres de la plaza de mayo o de las madres de La Candelaria del parque Berrio en Medellín[10], de grupos LGTBI a lo largo del continente. Reivindicación de derechos desde la diferencia permitiendo la posibilidad de que existan otras formas de hacer política, como la lucha en Chiapas y agunos movimientos de resistencia a lo largo y ancho del continente, a las que se suma una buena lista de activismos que propenden por salir del atolladero práctico y teórico en el que la política dominante nos ha metido y pese al ya mencionado anestesiamiento general (dogma paradigmático)Reivindicaciones que son productos de otro saber político, de otro modo de conocer los derechos  y deberes, que están ligados a la experiencia de expectación de otra justicia que el orden epistémico oficial no incluye en sus programas y estudios.

El carácter plural e híbrido de la experiencia de expectación  latinoamericana es "salvaje", tenor auténtico de la búsqueda de la otra justicia, desestimada por los estándares del conocimiento oficial que ordena lo que "es" y "no es" científico, lo que "es" y "no es" factible políticamente, según modelos dependientes de los países del norte, "más desarrollados". La política nómada de América Latina no tiene donde asir sus premisas y sus conclusiones, es una expectación que espera insistente, que no se rinde y que se mantiene viva por el coraje, sin un topos o locus epistémico. Por ello, nuestra propuesta apunta a la utopía como no-lugar (no topos,. no locus) donde podrían aterrizar, paradójicamente, las esperanzas de la trashumancia política de muchos grupos latinoamericanos, ocasionada por la falta de espacios de emergencia y visibilización que el régimen democrático neoliberal siempre intenta ocultar, disipar o ignorar.

Los países desarrollados y dominantes han desplegado un horizonte epistémico propio, acorde con las circunstancias materiales e ideológicas que en ellos se han dado. Han proyectado, sobre contextos híbridos y plurales, sus paradigmas de cánones unívocos y universales, tras los que se esconde el germen del totalitarismo en sus distintos aspectos y modos. Debido a la correspondencia con horizontes específicos (más homogéneos) de los países que los proponen, estos cánones no se adecúan a las realidades sociales de las naciones a las que se imponen, cuyas concreciones políticas son más ricas, diversas y heterogéneas. La utopía, creemos, se da en un no-lugar más allá de los límites o bordes del círculo de la totalidad política homogénea e impuesta. La utopía tiene que ver con las auroras, los filos, los márgenes, orillas, límites, extremos, fronteras, que anuncian un algo más allá de las homogeneidades. Revela un no-lugar que es como si fuese un lugar más allá de las identificaciones, de la mismidad y una supuesta lógica histórica. Para la utopía es posible el tercero histórico excluido (para apelar a las analogías con la lógica, pues es así como ella se pone de manifiesto).

El aspecto hegemónico que postula un paradigma unívoco y universal, cegado a la experiencia genuina de colectividades heterogéneas, permite que las investigaciones sociales e históricas, de las cuales se nutre en buena medida el pensamiento político, se hayan desarrollado desde principios que permiten 'Vicios" y "prejuicios" de partida. Uno de los más delicados es el factor de invisibilidad o desprecio de los productos propios (experiencias de expectación de la justicia, saberes políticos, resistencias, etc..) de los grupos latinoamericanos, operando sobre tales productos un régimen discursivo de identificación —etiquetamiento— que los presenta o hace aparecer como residuales, terroríficos, salvajes o en continuo estado insipiente. La utopía es, en este sentido, decantada hacia lo mismo, sustraída a la luz que resplandece en los bordes y las comisuras del etiquetamiento epistémico. Es llevada e insertada, asimilada, en el totalitarismo de la identidad y por ende, convertida en fracaso del proyecto. Cualquier experiencia de expectación de otra justicia posible queda señalada como inútil temeridad, etéreo idealismo, paroxismo, locura, trabajo infructuoso, tiempo perdido o acto de terror.

La hegemonía de ese paradigma universal, no sólo tiene implicaciones de dependencia metodológicas en cuanto a los horizontes epistémicos que excluye, sino que en el campo de la producción, genera dependencias económicas que entrañan muchos problemas, temas que por su envergadura no podemos aludir aquí. Por otra parte, queremos alcanzar un sentido no meramente epistémico sobre el valor de las experiencias políticas de nuestra América. El principal propósito de este trabajo es proponer al menos una categoría, por ahora, que ayude a dilucidar ese posible no- lugar de la utopía. Un no lugar en el que afinca su acontecimiento y su continua vigencia, el aspecto esperanzador de la experiencia política latinoamericana en su trashumancia y nomadismo, términos con los que hemos querido caracterizar al factor mutable, abierto, experiencial y dinámico de lo político en nuestro continente.

4.   Lo agible como fundamento práctico político de la utopía: el asidero no espacial (no- lugar) del sueño latinoamericano.

Hemos mencionado que la utopía no sólo es un concepto sino una experiencia que anida' en el hombre y que se funda "en su carácter agible. El carácter agible del hombre constituye una contraposición práctica a la mera instrumentalización de la acción con vistas a la posibilidad. Esta es una diferencia con el fijismo. El fijismo neoliberal tiene un proyecto político, pero este proyecto desestima la utopía, puesto que su prefiguración del futuro va ceñida a la idea de un progreso manifiesto.

La prefiguración del deseo capitalista no se funda en lo agible del hombre (la viabilidad de otro mundo posible), sino en lo factible, que constituye un mero saber proceder para conquistar, por la repetición mecánica de una técnica, aquello que se desea. De igual manera el fijismo, a partir de ese destino manifiesto de la historia o su natural decurso, considera que ese deseo es sólo deseo de lo naturalmente deseable, su deseo está prefigurado.

Dentro de este tipo de naturalismo progresista, las prefiguraciones del futuro no sueñan el sueño político de lo humanamente digno que se evidencia en el proceso particular de cada nicho social, viable y agible desde la capacidad utópica de cada hombre, mujer o transgénero. Sus prefiguraciones del futuro ya están dadas de antemano por una mecánica que ha dejado ver una parte y que permite adivinar la otra. Este abrirse a un futuro mecánico, fijo, dado y calculable, deja al hombre soñando un sólo sueño, el del imperio de la voluntad capitalista con su prefiguración futura de consumo[11]. El hombre que descubre este futuro, no descubre lo nuevo, sino lo conveniente y ya dado en la fórmula superficial del progreso, como único proceso, como proceso general. Este sueño homogenizador, sueño que en realidad no es más que la onírica de la anestesia, niega la capacidad abierta e infinita del hombre para producir y construir, constantemente, espacios en los que la justicia aterriza en la concreción de la vida en común, la vida compartida con "otros" hombres y mujeres (también transgénero) en la acción o decisión concreta[12].

La experiencia en la que el rostro del otro se revela dentro del campo político como sujeto, no meramente de ley sino como reflejo de la propia existencia (la mía, la que experimento en mis particulares afecciones y deseos), es una experiencia política que atiende no sólo a las condiciones ideales de la vida humanamente digna, sino que también se orienta al trabajo para las condiciones materiales que posibilitan esa dignidad real agible y factible para mí en compañía de otros. Aspectos materiales que me interpelan aturdidoramente en el hambre, en la exclusión, la miseria y en el sufrimiento corporal que acontece en la ausencia de la justicia. Estas realidades materiales de la desdicha son el motor de las búsquedas utópicas, de los proyectos de esperanza que se agitan en esas experiencias de expectación de otro modo que justicia que se constata en nuestra América y que son perseguidas.: excluidas, penalizadas, desatendidas, pospuestas, encubiertas,  desestimadas, difuminadas,  dispersas por el  régimen político  al  servicio del neoliberalismo.

Cuando la tecnificación del poder político hace de la democracia un mero instrumento para la satisfacción de empresas orientadas a la mera técnica por la técnica, en un proyecto de autosatisfacción individual del poder, otro tipo de barbarie viene a cobijar el mundo. La barbarie del hambre, de la ausencia de derechos políticos y civiles de muchas personas a lo largo y ancho de nuestro continente. Sufrimiento que espera construir otra justicia, en medio de la propaganda que el neoliberalismo hace contra todo tipo de esperanza.

En esto lo agible anuncia ese otro modo de ser del carácter práctico del hombre. Ya no se trata de la técnica de la posibilidad por la técnica misma, sino de la técnica que opera en el mundo en referencia con la agibilidad, con un proyecto a propósito de la vida y de la vida humana, de mi vida y de la vida al modo en que los otros la desean, siempre en el marco de la vida compartida. Agibilidad que sigue prefigurando experimentos en el corazón de hombres y mujeres particulares, unidos por la misma urgencia de una vida humana digna, cuyas características se van mostrando en el proceso.

Con esto podemos decir que lo propositivo de cada proyecto político tiene su propio y particular contenido, /según los sueños y anhelos de cada comunidad de hombres —y de cada hombre o mujer con su propio rostro—según sus propias circunstancia. Lo propositivo nunca es una mera fórmula. Por esto podemos decir que el carácter agible del hombre y su recuperación rescata al hombre de la reificación en la que éste puede caer a partir del tecnicismo social y político a ultranza, a la vez que lo proyecta en otro modo de tiempo, un tiempo imprevisto, que irrumpe. Un tiempo que "acontece" abruptamente, por su diferencia con cualquier tiempo sincrónico, un tiempo fundacional y eminentemente emancipador.

La trashumancia de la política salvaje, ese no lugar epistémico que no poseen las prácticas políticas al margen de lo establecido; las experiencias de expectación desconocidas por los fijistas del neoliberalismo, aplacadas, subestimadas; las luchas por otro modo que justicia que se llevan a cabo en algunos lugares de nuestra América; las voces de muchos hombres y mujeres que siguen en pie de lucha, frente a la injustificable totalidad de un sistema opresor y excluyente como el neoliberalismo ¡sí tienen un lugar! un lugar que es el no-lugar para la modernidad porque fue ésta la encargada de enterrarlo en la filosofía oficial.

El carácter agible del hombre, tierra siempre fértil de proyectos de esperanza, vendría a ser nuestra propuesta de lugar y no-lugar, donde se afincan las experiencias de expectación que no podemos negarnos. Es este el emplazamiento vivo de un proyecto no asentado en una férrea lógica de la historia. Desde ahí, ese lugar y no-!ugar, la trashumancia, el nomadismo de la política salvaje se podría proyectar objetivamente en terrenos concretos, en regiones, en provincias. Pero nunca de una manera total, esto sería volver a lo factible y a lo mecánico, a la evasión del trabajo de pensar por sí mismo cada proyecto. Arrancar del carácter agible las raíces del proyecto político, en un inútil intento de trasplantarlo al terreno material, es imitar las formas políticas tradicionales.

Si se arrancan están raíces del pecho de los hombres para llevarlos a la tierra, volvemos al régimen de la historia petrificada, las consignas y los himnos nacionales, donde se saca el corazón a cada hombre y a cada mujer para fundirlo en un solo corazón muerto. No se trata de una complacencia nuestra con la anarquía o alguna simpatía con ella. Se trata de que exista un orden que no se fija, dinámico. Un orden que se hace y se transforma en el proceso, con la guía de los hombres, mujeres y otras identidades particulares que ingresan al proceso de construcción de lo político, en esa búsqueda constante y mancomunada, ese nomadismo por otro modo que justicia.

Para finalizar sólo se quiere indicar que lo expuesto aquí es un primer acercamiento a una tesis que podría ser realizada con mayor extensión y preparación, no es más que un abrebocas que postula claras inquietudes y perspectivas de trabajo de pensamiento. Queríamos abordar a continuación tres categorías más que nos.gustaría proponer como ligadas al esclarecimiento del carácter propositivo de la utopía pero que por la extensión de este trabajo quedan pendientes.

Consideramos que el aspecto agible del carácter humano, rescatado como categoría política, no es suficiente para determinar el lugar y rio-lugar —la utopía— en la que se hallan nuestras expectaciones y esperanzas. Creemos que tal lugar es una conjunción, un entramado, o mejor un rizoma, que va unido a la irrupción del tiempo nuevo (revelación y mesianismo en sentido secular) y al resto fio excluido, lo que sobra) como categorías que operarían en las particularidades del tejido social, siempre agitado en pos de otro modo que justicia. Baste con lo indicado en este ejercicio de clase, que peca de reiterativo, para permitirnos concluir estas tres tesis básicas:

1. Es importante recuperar la categoría clásica del carácter agible del hombre. Puede brindar orientaciones conceptuales y metodológicas para una epistemología de la utopía.

2. La utopía no sólo puede ser tratada como un género de lo político, sino como la condición epistémica de lo político, ella es el sustento epistémico para abrir el espectro propositivo de los proyectos políticos que cada comunidad y cada persona, desde sus necesidades materiales y su yo-cuerpo concreto, estaría convocada a pensar.

3. Si existe la filosofía de cara a la realidad, los filósofos latinoamericanos o los estudiantes de filosofía, que así nos sintamos identificados, tenemos tareas exegéticas, hermenéuticas, analíticas, arqueológicas y genealógicas respecto de la utopía y el pensamiento utópico. Hacer su historia, su genealogía y su arqueología es una tarea, por lo demás, inmensa, como para excusarse en que ya todo está hecho, como si lo que dijera el autor del libro del Eclesiastés hace ya más de dos mil años fuese literal: "no hay nada nuevo bajo el sol".

 

Zaragoza, España, diciembre 23 de 2009.

 

BIBLIOGRAFÍA:

AGAMBEN, Giorgio: El tiempo que resta, Madrid, Trotta, 2006.

BLOCH, Ernst: Principio fsperonzo,Madrid, Trotta, 2004.

CRUZ CRUZ, Juan: Fragilidad humana y ley natural: cuestiones disputadas en el Siglo de Oro, Pamplona, EUNSA, 2009.

LEVINAS. Emmanuel: De otro modo que ser o Mas allá de la esencia, Salamanca, Sigúeme 4 ed., 2004.

TAPIAS, Luis: Política salvaje, CLACSO Coediciones La P&: CLACSO, Muela del Diablo, Comunas, 2008.

TOROV, Tsvetan: La conquista de América: el problema del otro, 16^ Ed., México, 2008.

Sitio de las Madres de La Candelaria: http://indh.pnud. org.co/articulolmprimir.plx?id=404&t=notic¡a

 

 

 


[1] Tomamos el término "política salvaje" y "salvaje"', que seguiremos usando, de las varias definiciones y caracterizaciones que Luis Tapias hace de tal categoría en su libro Política salvaje, CLACSO Coediciones La Paz: CLACSO, Muela del Diablo, Comunas, 2008.

[2] Filósofo Universidad Nacional de Colombia. Esp. Historia del Arte Universidad de Los Estudies de Roma, Magister en Filosofía Política Graduación honorífica Universidad Nacional  Autónoma de México,  Candidato  a Doctor en  Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.

[3] CRUZ CRUZ, Juan: Fragilidad humana y ley natural: cuestiones disputadas en el Siglo de Oro, Pamplona, EUNSA, 2009, ps., 33-42.

[4] Estamos convencidos de que la política parte de la indigencia humana que convoca la urgencia del otro, reclamo sustancial en la configuración de la vida propia de la especie.

[5] Es preciso aclarar que, respecto de la categoría "proyecto político," nos vamos a atener, en este ensayo, a la visión abierta de un tiempo futuro agible, proyectable, que no es sincrónico en la línea de un tiempo progresivo, como en el sentido de la historia de Hegel (lo cual sería ya no meramente agible sino factible), sino que nos atenemos a una idea emparentada con el concepto de redención y mesianismo, como "otro tiempo". Se podría identificar este "otro tiempo" no cronológico con el tiempo kairologico: la irrupción de un tiempo que representa una ruptura, un "salto" en sentido blochiano. Para aclarar más este sentido de un proyecto hacia un buen régimen apelamos a la crítica Benjaminiana del progreso en su tesis Sobre el concepto de ¡a historia, con el ánimo de diferenciarlo de otro tipo de proyecciones y proyectos, nuestro concepto de utopía no renuncia a la verdad y al sueño del buen régimen, pero matiza prudente lo que esa verdad o la búsqueda de ese sueño signifique; "El reino de la verdad es un ideal... por tanto no puede jamás verificase con certeza, y el propósito de la república de los doctos, según todas las apariencias no verá su cumplimiento nunca. No obstante esta realidad, exigir una verdad eterna es un interés indestructible en el corazón de todo hombre pensante, como lo es debilitar el error con todas las fuerzas posibles y difundir la verdad por todas partes, es decir, proceder como si el error fuese a ser aniquilado alguna vez y se pudiese alcanzar el reino universal de la verdad. Y precisamente este es el carácter de una naturaleza que, como la humana, se halla determinada a proyectar hacia el infinito su ideal... Es cierto que no puedes demostrar científicamente que deba ser asi; sin embargo suficiente —ite lo dice tu corazón!— que obres como si fuese verdadero". Que se nos excuse el no haber ¡do directamente a la fuente y que esta cita la tomemos tal cual de AGAMBEN, Giorgio: El tiempo que resta, Madrid, Trotta, 2006 p.,44.

[6] Es casi una insistencia nuestra, casi un agobio para con quienes nos escuchan, el hecho de estar resaltando, haciendo hincapié en asuntos relacionados con la filosofía de Levinas. Una de esas nociones que nos interesa rescatar ahora es aquella que señala que en el lenguaje se abre un modo discursivo que tiende a tematizar, a conceptualizar, rotular e identificar. Esta categoría que tematiza la llama Levinas Lo dicho. En Lo dicho se agota todo en su enunciado, como si el aspecto matérico de la realidad quedara ya hecho absolutamente en la forma del lenguaje. Por contraste, el decir es el lenguaje que abre sus posibilidades más allá del agotamiento material ejercido por lo formal. Decir intenta constatar la nunca agotada existencia material de la realidad (LEVINAS: De otro modo que ser o Mas allá de la esencia, Salamanca, Sigúeme 4 ed., 2004 p., 96 y ss.,). En este sentido decimos "otro modo que justicia", para distinguir de una justicia que ya está preestablecida y dada en el formalismo del derecho y la política tradicional. Para distinguir de las nociones habituales de justicia (historia de las ideas) escritas y circunscritas por las grandes voces de esa misma tradición, pero que lleva en su propio seno, silenciadas, otras historias y otras ¡deas. Otro modo que justicia indicaría esas experiencias de lo justo y de la justicia que se han originado en la praxis viva de las colectividades latinoamericanas, descartadas o desechadas por los marcos epistémicos oficiales.

[7]Hemos apelado aquí a la ideas de ultimun y novum de Bloch. Para este filósofo existe en el hombre un sentimiento de lo nuevo que es anuncio de lo último, su parte dinámica, lo que hace de lo ultimun, al que aspira toda esperanza, algo no quieto y esclerotizado. El novum es anuncio activo de lo que está por llegar. Como lo dice Bloch en categorías teológicas, es un sentimiento de adviento: "Este sentimiento, de continuo olvidado, llena siempre las vísperas de grandes acontecimientos (...) en el anunciado novum de la dicha, la felicidad fundamenta una conciencia de adviento." Principio Esperanza, Madrid, Trotta, 2004, p., 242. Y más adelante: "lo necesario al novum, para que verdaderamente sea real, no es sólo la contraposición abstracta con la repetición mecánica, sino ser él mismo un género de repetición especifica: la repetición del contenido final mismo todavía no realizado, de ese contenido que se ha intentado y querido solidificar, apuntado e intencionado en las novedades progresivas de la historia. Y por ello también el surgir dialéctico de este contenido total es caracterizado no por la categoría novum, sino por la categoría ultimum, y en éste termina, desde luego, la repetición." (Op, cit, p., 245). Más adelante vincularemos este concepto de novum con lo no mecánico de las proyecciones fundadas en el carácter agible del hombre.

[8] Todorov lo indica con precisión cuando hace las tipologías de la alteridad. Aquí citamos la caracterización que hace el filósofo polaco acerca del aspecto epistémico del encuentro con el otro: "En segundo lugar, está la acción de acercamiento o de alejamiento en relación con el otro, me identifico con él: o asimilo al Otro a mí, le impongo mi propia imagen; entre la sumisión al otro o la sumisión del otro hay un tercer punto, que es la neutralidad o indiferencia." TOROV, Tsvetan: La conquista de América: el problema del otro, 162 Ed., Siglo XXI, México, 2008, p., 195. 9 La infinitud del "otro" que se funda en ese carácter falible y contingente de la naturaleza humana, es la que hace del aspecto propositivo de la utopía, fundado en su carácter agible, una obligación de pensamiento para cada hombre, para cada comunidad, para cada grupo que busque ese otro modo que justicia.

[9] Decimos también "desastre" en el mismo sentido al que Blanchot alude en su libro La escritura del desastre, indicando con ello un descentrar, un poner por fuera de lo visible. Desastre es dejar de ser astro, dejar de ser luz, dejarse habitar por lo que no aparece y está siempre en la sombra. En términos de Luis Tapias, lo que subyace latente en el subsuelo.

[10] Mujeres que semanalmente se reúnen en el parque Berrio de Medellín, Colombia, para reclamar por sus hijos desaparecidos, por sus familias desplazadas y por cualquier otro motivo político que haya desconocido y pospuesto sus derechos civiles y los derechos civiles de sus hijos. Sus preocupaciones pueden resumirse en estas palabras: "Esta es una proclama simple, sencilla, que sale de los corazones de las víctimas de la desaparición forzada. Desde ese día de 1999, todos los miércoles al mediodía, las 58 madres de la asociación arengamos, imploramos y lanzamos nuestro alarido al aire para que las personas responsables de estas horrorosas desapariciones escuchen nuestro reclamo. Nunca descansa el corazón de quien sufre la ¡ncertidumbre por la pérdida, en estas condiciones, de un hijo, una hija, una madre, un padre, un hermano, esposo o compañero. La sociedad debe entender ese agobio diario. Como víctimas, los familiares, amigos y, principalmente, las madres nos hemos organizado para buscar el retorno de los desaparecidos y los secuestrados. Y aunque la mayoría de los nuestros han desaparecido en el Oriente y el Suroeste antioqueño, Urabá y el Bajo Cauca, la asociación se ha articulado a otras iniciativas que trabajan también por el reconocimiento de la dignidad de los seres queridos hoy ausentes. Seguimos el ejemplo de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina y esperamos que, como a ellas, se nos dé la posibilidad de expresar nuestra angustia. Porque en medio de nuestro dolor, tenemos un objetivo claro: verdad y justicia para volver a sentir el calor y el afecto de los ausentes. Y lo reclamamos porque sufrimos la angustia permanente y la total ¡ncertidumbre por el paradero de los desaparecidos. Reparación no puede haber. El daño es irreparable." http://indh.pnud.org.co/articulolmprimir.plx?id=404&t=noticia

[11] Bloch relaciona la acción trasformadora práctica, no mecánica, no meramente factible (análoga, para nosotros, a! carácter agible del hombre) con la búsqueda del bien que se va dando en el proceso, haciendo también la crítica a la mecánica del proyecto progresista: "El saber necesario para la decisión reviste en su mismo sentido otra forma: una forma no sólo contemplativa, sino más bien una forma que va con el proceso, que se juramenta activa y tomando partido a favor del bien que se va abriendo camino, es decir, de lo humanamente digno en el proceso. (...) Por no ser quietismo, tampoco en relación con la tendencia descubierta, no rinde pleitesía a aquel optimismo trivial y automático del progreso en sí, que no es más que una repetición del quietismo contemplativo. Es una repetición porque también él disfraza el futuro de pasado, porque lo considera como algo concluso y terminado en sí desde hace ya largo tiempo." Bloch: op., cit., p., 240.

[12] Resulta iluminadora esta cita de Marx hecha por Bloch y que creemos sea esto, exactamente, dentro del carácter práctico del hombre, su capacidad agible: "Concebimos el trabajo bajo una forma e/i la cual pertenece exclusivamente al hombre. Una araña ejecuta operaciones que se asemejan a las del tejedor, y una abeja avergonzaría por la construcción de las celdillas de su panal, a más de un maestro albañil. Pero lo que distingue ventajosamente al peor maestro albañil de la mejor abeja es que el primero ha construido la celdilla en su cabeza antes de construirla en la cera. Al final del proceso del trabajo brota un resultado que antes de comenzar aquel existía en la mente del obrero, es decir, ideo/mente. El obrero no sólo efectúa un cambio de forma de lo real, sino que, al mismo tiempo, realiza en lo natural su propio objetivo...". Citado por Boch, Op., cit., p., 106. (El Capital: critica de la economía política, ed., a cargo de P. Scaron, siglo XXI, Madrid, Vol. 1, p., 216.)