Salvarse de la ira
salvarse uno mismo
como si la tempestad irrumpiera y la tiniebla no lo abarcara todo
esperar con calma
el rescoldo del milagro
la luz intensa
Perdonar la pequeñez del descuido
la testarudez de la soberbia
lo ordinario
abandonar los lugares comunes
reconocer las indigencias
seguir siendo amoroso
magnánimo
lloverse entero
abrir las puertas
No permitir que la fealdad
esa purulencia
los granos en la piel
lo escaso del afecto
lo defecto
la insano de la decencia
la megalomanía del infante
su insoportable indiferencia
se anide en el alma o cale en la cabeza
dejarla pasar infame
perdonarla
donarla
seguir sonriendo
sin armas
sin defensas